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18 septiembre, 2019 El grito de independencia, los símbolos y la polarización ciudadana Publicado en: La fuente

Por Gerardo Velarde – “¡Viva México!” gritó el presidente Obrador desde el balcón… “¡No estás solo!” le respondieron cientos la noche del 15 de septiembre.

El primer grito de independencia realizado por el presidente Andrés Manuel fue directo, sobrio y contundente. No improvisó ni exageró, fue puntual y al mismo tiempo emotivo; en sus expresiones se apreciaron los más de 12 años de lucha por llegar a la presidencia.

Más allá de su esposa, no cometió el error de meter a toda la familia al balcón como en años anteriores lo hizo su antecesor Enrique Peña Nieto, un acto más que nada simbólico, pero ese simbolismo le importa a muchos ciudadanos y en ese campo el presidente parece tener una habilidad innata. 

Ciertas acciones del ejecutivo federal como la puesta en venta del avión presidencial, la transformación de Los Pinos en un espacio cultural, el desplazarse en aerolíneas comerciales, bajarse el sueldo e incluso sus conferencias matutinas, son medidas altamente populares para una ciudadanía acostumbrada a una clase política que abusaba de su posición y pocas veces daba la cara. De acuerdo con la última encuesta de aprobación del gobierno de Obrador publicada antes de su primer informe de gobierno realizada por el diario El Financiero, las acciones de austeridad y sus conferencias matutinas son dos de las tres acciones con más respaldo ciudadano (junto con la creación de la Guardia Nacional).

Sin embargo, estos actos simbólicos de transformación no han ido de la mano con un buen desempeño en áreas como la economía o la seguridad. 

El Producto Interno Bruto (PIB) no reportó ningún crecimiento durante el segundo trimestre del 2019, según lo informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) la última semana de agosto; a su vez, la violencia medida en homicidios sigue incontrolable, en los primeros siete meses de 2019 en México se registraron más de 20 mil, 4% más que en el mismo periodo de 2018,  de acuerdo con el reporte de víctimas de delitos del fuero común actualizado a julio por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. 

Esta disociación entre los actos simbólicos que muchos aprueban y los pobres resultados en áreas como la economía que otros  muchos critican ha contribuido a la conformación de un país dividido en el que parece que hay que elegir un bando en el que uno elige o tener al mejor presidente en la historia o al peor, no hay puntos intermedios; negro o blanco, proamlo o antiamlo, derecha o izquierda, chairo o fifí. La misma polarización crea etiquetas que al asumirte o que te asuman en una, le declaras la guerra al contrario. 

Dependiendo el lado que uno elija verá en Obrador a un presidente demócrata que abrió los espacios para ser interrogado cada mañana por los medios, o verá a un posible tirano que atenta contra los organismos autónomos. Dependiendo el lado que uno elija verá en el presidente a un político cercano a la gente como ningún otro, o verá a un populista sin capacidad de gobernar. 

Las redes sociales y algunos medios de comunicación contribuyen en aumentar la polarización; en este contexto es más fácil generar reacciones, viralizaciones y una base de seguidores si se elige un bando y se dedica a adular al presidente o a criticarlo.

Pero la realidad es más compleja que encasillar todo lo que hace el presidente como algo bueno o malo es tener una visión limitada. El gobierno de Obrador no es bueno o malo per se, en él se toman decisiones las cuales tienen consecuencias; eso es lo que se tiene que analizar.

No hay que dejar de mencionar que el Presidente ha puesto su granito de arena en exacerbar esta situación.  En su discursiva solo hay dos bandos: los conservadores (los malos) y la cuarta transformación/Morena (los buenos). Esto le ayuda a mantener una base de seguidores estable y excusarse de muchos males que aquejan al país, creó un enemigo del pasado al cual echarle la culpa si las cosas no marchan bien. 

Se debe elevar el debate público, pue si bien la polarización beneficia a algunos políticos, la ciudadanía es la gran perdedora al verse inmersa en una guerra de descalificaciones, mentiras y manipulaciones que en nada sirven para tener un mejor país. 

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