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18 julio, 2018 La juventud que se nos acaba Publicado en: La fuente

La juventud que se nos acaba

Por Greta Ríos

El pasado domingo 1 de julio México vivió una elección histórica en muchos sentidos. En primer lugar, fue el proceso electoral concurrente más grande que ha vivido nuestro país, con más de 18,000 cargos de elección popular puestos a decisión de los ciudadanos en un solo día. Tan solo en Ciudad de México, tuvimos 6 boletas diferentes en cada casilla, lo cual no resultó particularmente sencillo para el votante promedio. Además, durante este proceso electoral vivimos sucesos inéditos en la historia de México, desde la violencia rapaz hacia candidatos; los candidatos que compitieron (y ganaron) desde prisión; las reglas sobre cómo votar válidamente, que parecían variar cada semana; así como la muy cuestionable decisión del Tribunal Electoral de otorgarle a Jaime Rodríguez Calderón a posibilidad de competir como independiente, pese a las muchas irregularidades asociadas a su proceso de recolección de firmas. 

Otro elemento diferenciador que presentó este proceso electoral en particular fue la formación de coaliciones entre institutos políticos que, en esencia, parecerían no tener nada en común. Por una parte, el Partido de la Revolución Democrática, histórico representante en nuestro país de las tendencias de izquierda, decide ir en conjunto con el Partido Acción Nacional, máximo exponente de derecha, además de con Movimiento Ciudadano, conocido por sus tintes alternativos para ganar elecciones y ejercer el poder. Por el otro lado, el ‘nuevo’ partido político Morena (de corte izquierda) decide aliarse, en primer lugar, con el Partido del Trabajo (instituto político que vio muy de cerca su desaparición después de su pésimo resultado en las elecciones intermedias de 2015), y, más adelante, con Encuentro Social, un partido de derecha extrema, cuya agenda principal consiste en defender los valores de la familia tradicional. Ante esta situación, en donde las ideologías y postulados básicos de los institutos políticos parecieran haber quedado relegados a un muy distante segundo plano, la personalidad de los candidatos se volvió un tema casi de culto y, como tal, fue un factor decisivo para el resultado de la contienda el 1 de julio.

Esta también fue la elección con mayor concentración de personas jóvenes en la lista nominal en toda la historia de nuestro país. Con más de 26 millones de votos concentrados en el grupo etario de los 18 a los 29 años, la fuerza de los votantes jóvenes fue apabullante. Históricamente, la participación de los jóvenes en los procesos electorales ha sido bastante baja, siendo los ubicados en el grupo de los 20 a los 29 años los que menos ejercen su derecho al voto en nuestro país. Por ello, como organización nos pareció prioritario exhortar activamente a los miembros de nuestra generación para que decidieran hacer valer su voz por medio del voto, de una manera informada y responsable. 

Aún no tenemos los conteos finales del Instituto Nacional Electoral para determinar si los jóvenes participaron más que en procesos electorales pasados. Lo que sí sabemos es que la participación de la población general sí fue más alta que en la elección presidencial anterior. Eso es algo para celebrarse, sin lugar a dudas. Sin embargo, algo que fue constante en todas las plataformas políticas (a nivel federal, estatal y local) fue la falta de propuestas reales y de solución sistémica a la problemática que enfrentan los jóvenes en la actualidad en nuestro país. 

Becas, más lugares en las instituciones de educación superior, tarjetas de descuento, de transporte y apoyos para el emprendimiento fueron muchas de las cosas que escuchamos de todos los candidatos y que, si bien son buenos paliativos, no resuelven de raíz ninguna de las problemáticas que enfrentan los jóvenes en México hoy en día. Nunca escuchamos a candidato alguno tocar los temas de inseguridad, violencia, migración, brecha salarial entre hombres y mujeres, salud y falta de planeación para el retiro, entre muchos otros que la generación más grande de jóvenes que ha tenido la historia de nuestro país está o estará enfrentando en el futuro próximo. 

Como hemos dicho en diversas ocasiones, el fin del bono demográfico con que cuenta México se ve cada vez más cerca y el discurso en materia de juventud debería estar migrando a las maneras en que nuestro país va a hacer frente a las demandas de la generación más numerosa de adultos jóvenes (y posteriormente de adultos y, finalmente, de adultos mayores) que habrá tenido nuestro país en toda su historia. Estamos hablando de retos en materia de empleo, sí; pero también en materia de salud y, sobre todo, en términos económicos: nos tocará resolver los muchos problemas que se derivan de tener una población económicamente dependiente más grande que la económicamente activa. 

Aún estamos a tiempo y es por ello que hacemos un llamado a los nuevos funcionarios electos a que empiecen a tomar en cuenta estos factores y que tengamos un proyecto de nación que contemple tener metas en el largo plazo y que esto a su vez nos permita tener el modelo real de desarrollo que tanta falta nos hace en México. 

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