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12 julio, 2017 Programas de entrenamiento para el empleo: una solución poco sostenible Publicado en: La fuente

empleo juvenil

Pos Stefan Scharnagl

La falta de empleo alrededor del mundo ha empujado a varias instituciones y organizaciones a crear programas y mecanismos que ayuden a las personas a conseguir un empleo digno. En países como México este tipo de iniciativas han tenido un auge importante en los últimos años y atienden principalmente a jóvenes que se enfrentan a ciertas barreras que reducen sus posibilidades de conseguir un trabajo oportunamente. La razón de ello es que los jóvenes en México se enfrentan a tasas de desempleo dos veces mayores que el resto de la población en edad de trabajar y si es que consiguen un empleo se topan con condiciones laborales muy precarias; por lo que atender a esta población en particular tiene un impacto social significativo.

El contexto internacional también ha creado un marco para que estos proyectos reciban mayor atención por parte de las organizaciones civiles y las empresas. El Objetivo 8 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible marca el camino para la generación de empleo pleno y productivo y de trabajo decente para todas las personas. Por ello, vemos que cada vez más organizaciones que trabajan activamente en la reducción del desempleo juvenil han implementado programas de capacitación para jóvenes en situación vulnerable. La mayoría de estos programas se enfocan en la generación de herramientas de empleabilidad, en el desarrollo de habilidades blandas y en el aprendizaje de competencias necesarias para los trabajos que se requieren hoy en día. Sin embargo, queda bajo sospecha si estos programas tienen la capacidad de generar soluciones sostenibles.

Según datos del INEGI en México durante el primer trimestre de 2016 la tasa de desocupación en los jóvenes fue de 7.2%. La misma tasa estimada a nivel nacional para la población de 15 y más años fue de 4.0%. De estos jóvenes desocupados el 19.6% no cuenta con experiencia profesional, lo cual es un requisito en la gran mayoría de las vacantes. Hablando de condiciones laborales, 61.1% de los jóvenes trabajan en condiciones de informalidad y 71.8% ganan menos de dos salarios mínimos.¹ Viendo estos datos nos damos cuenta que es necesario que existan iniciativas que mejoren las condiciones laborales a las que se enfrentan los jóvenes en nuestro país.

El entrenamiento para el empleo puede hacer la diferencia para una persona; en especial, cuando se encuentra en situación vulnerable y con poco o nulo acceso a la educación formal. Con las tasas de desempleo tan altas es importante que una persona obtenga un diferenciador con respecto al resto de las personas que están compitiendo por las mismas vacantes. Si esa persona es capacitada con los elementos descritos anteriormente, tendrá bastantes más posibilidades de conseguir un empleo digno que otros jóvenes que no recibieron este tipo apoyos. Desde la individualidad vemos que estos programas son nobles y que pueden hacer una diferencia significativa en la persona atendida. Es decir, le puede cambiar la vida al generarle una oportunidad de desarrollo profesional a la cual sin intervención externa difícilmente hubiera tenido acceso. Sin embargo, estos programas se limitan a la atención de poblaciones pequeñas y específicas. Esta restricción se da porque los presupuestos y las capacidades de las organizaciones también son limitados y se mantienen dentro de su ámbito de incidencia.

Si vemos la problemática del desempleo desde una perspectiva macro, entendemos que la oferta laboral es relativamente rígida y no porque existan programas de capacitación en habilidades blandas y de competencias para jóvenes vamos a lograr que existan más oportunidades laborales para los jóvenes desocupados. Generar soluciones sostenibles implica que se elaboren políticas nacionales que aumenten la inversión, faciliten la creación de empresas y, por lo tanto, la creación de empleo. Es necesario que exista un desarrollo y crecimiento económico que permita ampliar la capacidad de oferta de empleo del país para que los jóvenes que estadísticamente hablando no tienen empleo lo puedan conseguir. Mientras que el problema del desempleo juvenil no se vea desde esta perspectiva no podremos avanzar hacia una solución sostenible, ya que los programas actuales solamente están aumentando la competitividad de una población reducida, lo cual provoca que la población no atendida se encuentre en una situación más complicada, ya que no cuenta con las herramientas necesarias y que por ende los vuelve menos competitivos en el mercado laboral. Técnicamente lo único que se está logrando es generar oportunidades para unos y desplazando a otros o, en términos futbolísticos, los capacitados suben a la liga A, pero alguien tiene que bajar a la liga B.

Esto no quiere decir que no se deba capacitar a las personas o que estos programas no cumplan con su objetivo. Hoy en día muchas empresas se enfrentan a una escasez de talento porque no encuentran en el mercado a personas que tengan las competencias necesarias para las vacantes que se ofrecen. Los programas de capacitación para el empleo pueden ayudar a que las empresas encuentren el talento que necesitan, mejorando la capacidad de atracción de talento y acelerando los procesos de reclutamiento, lo que genera un beneficio valioso para las empresas.

En conclusión, los programas de entrenamiento para el empleo deben seguir existiendo porque tienen un impacto social positivo en las poblaciones donde inciden, pero es necesario que a estos programas se los acompañe de políticas públicas donde se fomenta la inversión y la creación de empresas para ampliar el mercado laboral y que realmente existan más oportunidades para los jóvenes que no encuentran empleo en nuestro país.


¹“Estadísticas a propósito del… Día Internacional de la Juventud (15 a 29 años) 12 de agosto”, INEGI, 2016, México.

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